jueves, 6 de enero de 2011

LOS REYES MAGOS, TRES CAMELLOS Y UN DROMEDARIO

Había una vez tres camellos y sus amos que eran los tres reyes magos, y también había un dromedario que estaba siempre sólo.

Los camellos no le querían porque únicamente tenía una joroba en su espalda y no dos como ellos:
- "¡Medio camello!", le decían, y le espantaron.

Pero he aquí que una tarde los tres reyes magos entraron deprisa en el establo, empujaron a los camellos hacia afuera y se marcharon rápido siguiendo a una gran estrella que había en el cielo.

El dromedario se quedó sólo y triste, pero de repente un angel apareció en el establo que le hablaba:

- "¡Qué reyes tan despistados!" decía enfadado, mientras aguantaba bajo las alas tres paquetes muy bien envueltos, "¡Se han olvidado los regalos! "Tú se los llevarás". "Sigue a la estrella y alcanza a los camellos; a medianoche todos tenéis que estar en Belén".

- "Pero está muy lejos", se quejó el dromedario.

- "Es verdad", le respondió el angel. "Pero los camellos tienen que cargar con dos jorobas en su espalda y tú, dromedario, sólo con una, y, por lo tanto, eres más rápido".

El dromedario agradeció que alguien alabara lo que los camellos siempre le reprochaban. Se apuró a iniciar el viaje y, mientras corría, los paquetes en su joroba se entretenían probando un truco de magia que habían aprendido de los reyes: vertieron sobre el dromedario, el oro, el incienso y la mirra que llevaban dentro.

A las puertas de Belén el dromedario alcanzó a los reyes. Los tres camellos, sucios y cansados, admiraron aquel magnífico animal que se les acercaba: su pelo era dorado y desprendía un olor fesco a mezcla de incienso y mirra.

Aquella noche, cuando los reyes hicieron la ofrenda de sus regalos, hubo detrás de ellos un dromedario y no tres camellos.

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