jueves, 22 de diciembre de 2011

CARBÓN EN NAVIDAD

Érase una vez un mágico lugar donde vivían los Reyes Magos, Papá Noel, los duendecillos, los renos, los camellos y todos los seres mágicos que hacen posible la Navidad. En este lugar, preparaban durante todo el año la magia que se necesita para estos días de fiesta.

Faltaban tres noches para Navidad, y ya estaba todo listo, pero un ser muy malvado iba a intentar destrozar la Navidad. El gran Mago de Carbón no soportaba que la gente estuviese contenta, ni que se quisieran ni que tuvieran muchos amigos, así que decidió que iba a estropear la Navidad y pensó que la mejor manera de hacerlo era robar los regalos que tenían para los niños. Así que, mientras todos estaban durmiendo, se hizo invisible con su magia malvada y hizo desaparecer todos los juguetes, y en su lugar dejo una gran montaña de carbón y desapareció.

A la mañana siguiente, los Reyes Magos, los duendes, Papá Noel y todos los demás se quedaron muy tristes cuando descubrieron que los regalos que habían preparado durante tanto tiempo para los niños habían desaparecido y ya no tenían tiempo, ni siquiera con su magia, de conseguir otros nuevos ya que en el mundo hay millones y millones de niños.

-Seguro que ha sido el Mago de Carbón, pero no hay tiempo que perder, tenemos que pensar en algo para que los niños no estén tristes en Navidad.- se dijeron. Entonces uno de los duendecillos tuvo una genial idea. -¿Por qué no transformamos el duro y negro carbón en un carbón dulce de caramelo y colores?- propuso. Parecía una buena idea, así que con un poco de magia todos juntos lo consiguieron.

Por fin llegó la gran noche, repartieron todo el carbón dulce de colores y esperaron a ver que pasaba por la mañana. Cuando los niños se despertaron y no encontraron los juguetes que habían pedido se extrañaron, pero vieron que tenían algo diferente y dulce de su color favorito. Además, sus hermanos y sus primas también tenían, y también sus amigos y amigas. ¡Que bien!, podían compartirlo y tener de diferentes colores y jugar todos juntos.

Cuando los Reyes Magos, Papa Noel y todos los seres Mágicos de la Navidad vieron que los niños no estaban tristes se pusieron muy contentos, en cambio el Mago de Carbón se enfadó mucho, su plan había fracasado, NO ERAN LOS JUGUETES LO QUE HACÍA FELICES A LOS NIÑOS, SINO LA ILUSIÓN DE COMPARTIRLOS CON SUS SERES QUERIDOS, y eso no lo iba a poder estropear.

Maribel Martos López

viernes, 16 de diciembre de 2011

NOCHE DE NAVIDAD

Era la noche de Navidad. Un ángel se apareció a una familia rica y le dijo a la dueña de la casa:
- Te traigo una buena noticia: esta noche el Señor Jesús vendrá a visitarte a tu casa.
La señora quedó entusiasmada: Nunca había creído posible que en su casa sucediese este milagro. Trató de preparar una cena excelente para recibir a Jesús. Encargó pollos, conservas y vino importado.

De repente sonó el timbre. Era una mujer mal vestida, de rostro sufrido, con el vientre hinchado por un embarazo muy adelantado.
- Señora, ¿no tendría algún trabajo para darme? Estoy embarazada y tengo mucha necesidad del trabajo.
-¿Pero esta es hora de molestar? Vuelva otro día, respondió la dueña de la casa. Ahora estoy ocupada con la cena para una importante visita.
Poco después, un hombre, sucio de grasa, llamó a la puerta.
- Señora, mi camión se ha arruinado aquí en la esquina. ¿Por casualidad no tendría usted una caja de herramientas que me pueda prestar?
La señora, ocupada como estaba limpiando los vasos de cristal y los platos de porcelana, se irritó mucho:
- ¿Usted piensa que mi casa es un taller mecánico? ¿Dónde se ha visto importunar a la gente así?. Por favor, no ensucie mi entrada con esos pies inmundos.
La anfitriona siguió preparando la cena: abrió latas de caviar, puso champaña en el refrigerador, escogió de la bodega los mejores vinos, preparó unos coctelitos.

Mientras tanto alguien afuera batió las palmas. Será que ahora llega Jesús, pensó ella emocionada y con el corazón acelerado fue a abrir la puerta. Pero no era Jesús. Era un niño harapiento de la calle.
- Señora, deme un plato de comida.
-¿Cómo te voy a dar comida si todavía no hemos cenado? Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy atareada.
Al final, la cena estaba ya lista. Toda la familia emocionada esperaba la ilustre visita. Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no parecía. Cansados de esperar empezaron a tomar los
coctelitos, que al poco tiempo comenzaron a hacer efecto en los estómagos vacíos y el sueño hizo olvidar los pollos y los platos preparados.

A la mañana siguiente, al despertar, la señora se encontró , con gran espanto frente a un ángel.
- ¿Un ángel puede mentir? Gritó ella. Lo preparé todo con esmero, aguardé toda la noche y Jesús no apareció. ¿Por qué me hizo esta broma?
- No fui yo quien mentí, fue usted la que no tuvo ojos para ver, dijo ángel. Jesús estuvo aquí tres veces, en la persona de la mujer embarazada, en la persona del camionero y en el niño hambriento. Pero usted no fue capaz de reconocerlo y de acogerlo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

EL FELICÍMETRO

Dani estaba muy disgustado con Papá Noel. Era un niño muy bueno, pero le molestaba tremendamente ver que casi todos los años muchos otros niños, claramente más malos, recibían más juguetes por Navidad. Y fueron tantas sus quejas, que una noche el propio Papá Noel apareció con el trineo en su habitación, y le llevó con él al Polo Norte.

- Quiero enseñarte el mayor de los secretos -le dijo Papá Noel-. Si vienes te mostraré cómo decidimos cuántos juguetes recibe cada niño en Navidad.

Cuando llegaron, Santa Claus le mostró algunos raros artilugios, mientras le explicaba:

- Esto fue nuestro primer medidor de juguetes. Era una balanza, y los juguetes se regalaban por peso. Dejamos de usarlo cuando un niño recibió tantos globos que al explotar derrumbaron las paredes de su casa.
- Ese otro con forma de molde se llamaba "igualator". Servía para asegurarnos de que todos los niños recibieran los mismos juguetes, pero como luego no tenía gracia cambiarlos con otros niños, nadie los quería... Puff, casi me quedo sin trabajo, hubo un año que apenas recibí unas pocas cartas y tuvimos que cambiarlo a toda prisa...

Y así fue hablando de los inventos que habían utilizado; algunos realmente ridículos, otros un poco simplones, hasta que finalmente dijo:

- .. pero todo se arregló con este invento, y desde entonces cada año recibo muchos más millones de cartas que el anterior. Se llama Felicímetro, y sirve para medir la felicidad de los niños. Cuando visitamos un niño, ponemos en el felicímetro todo lo que tiene, y automáticamente nos dice los mejores regalos para él.
- Pues debe estar estropeado, a mí siempre me tocan pocos regalos...- protestó el niño.
- ¡Qué va! funciona perfectamente. Los niños que como tú tienen muchos amigos, unos papás y hermanos que les quieren mucho, son generosos y no buscan la felicidad en las cosas tienen miles de puntos en el felicímetro, y regalarles muchos juguetes sólo podría bajárselos. Sin embargo, los niños que están más solos, o cuyos papás les hacen menos caso, o que no tienen hermanos ni amigos, tienen tan pocos puntos que da igual cuántos regalos añadamos al felicímetro: nunca pasan de la mitad... ése es el gran secreto del felicímetro: reciben más quienes de verdad menos tienen.

Como no parecía terminar de creerlo, aquella Navidad Dani acompañó a Santa Claus en su trineo llevando el felicímetro, comprobando él mismo cómo quienes más regalos recibían eran los menos felices de todos. Y no pudo evitar llorar cuando vieron un niño muy rico pero muy triste, que después de haber abierto cien regalos, pasó la noche solitario en su habitación...

Y sintió tanta pena por esos niños, que ya nunca más volvió a envidiar sus regalos y sus cosas, y se esforzó cada día por hacerles llegar a aquellos niños una pequeña parte de su gran felicidad.

Pedro Pablo Sacristán

sábado, 10 de diciembre de 2011

EL GUSANO DE LUZ

Era invierno y el niño Jesús acababa de nacer. Estaba acostado en las pajas del pesebre y tenía frío.

La Virgen y San José le miraban; la mula y el buey se acercaron para calentar al Niño con su aliento. El Niño Dios extendía sus manos para percibir el calor de los animales y les sonreía en medio del frío.
Poco a poco, otros animales que estaban en el establo de Belén también se acercaron para dar al Niño algo de calor.

Las palomas se arrancaron sus plumitas más suaves y con ellas hicieron un colchoncito. La oveja se corto con sus dientes unos vellones de lana blanca y cubrió con ellos el cuerpo tembloroso del Niño Jesús. Una araña se puso a trabajar muy deprisa y tejió una tela brillante y fina que colocó sobre la cabeza del Niño Jesús.

Un gusanito, escondido en un rincón, también quería llevar algo al Niño recién nacido. Pero, ¿qué le podía ofrecer?...

El no tenía plumas como las palomas; tampoco lana como las ovejas y no sabía hilar como las arañas. ¡Estaba tan triste...!

Salió de su rincón y arrastrándose por la hierba seca vio una florecilla que ya se había secado pero que todavía daba un rico olor. La cogió y con mucho trabajo, fue subiendo hasta llegar a las pajas donde estaba acostado el Niño. Se acercó a El y con mucho cariño puso en su mano la florecilla.

Cuando le vieron el buey, la mula, las palomas, la oveja y la araña, le miraron un poco burlones.

El pequeño gusanito tuvo vergüenza y quiso esconderse entre las pajas. Pero el Niño Jesús extendió su mano pequeña y lo cogió sonriendo. La Virgen y San José también sonrieron. Y aquellas sonrisas fueron para el gusanito el mejor premio y le llenaron de alegría y de felicidad.

Entonces, el Niño Dios pidió a la blanca luz uno de sus rayos. Quitó de él un poco de resplandor y se lo dio al gusanito que brillo en el pesebre. Todos los animales lo contemplaban admirados:

* ¡Qué precioso está el gusanito!

Así se convirtió en un gusanito de luz que brilló en el Portal de Belén.

Desde entonces, el gusano de luz brilla en las praderas con un pequeño resplandor que el Niño Jesús le pidió en la Nochebuena en el retablo de Belén.

viernes, 2 de diciembre de 2011

PRESENTE DE NAVIDAD

Un día, Alfredo, despertó en una víspera de Navidad, muy contento, pues una fecha muy importante estaba por llegar. Era el día del aniversario del Niño Jesús, y es lógico, el día en que Papá Noel vendría de visita como todos los años.

Con sus cinco añitos, esperaba ansiosamente el caer de la noche, para volver a dormir y espiar la media que estaba en el frente de la puerta, pues no tenía árbol de Navidad. Se durmió muy tarde, para ver si conseguía atrapar a aquel "viejito", pero como el sueño era mayor que su voluntad, se durmió profundamente.

En la mañana de Navidad, observó que su media no estaba allí, y que no había presente alguno en toda su casa. Su padre desempleado, con los ojos llenos de lágrimas, observaba atentamente a su hijo, y esperaba tomar coraje para hablarle, que su sueño no existía, y con mucho dolor en el corazón lo llama:

- Alfredo, hijo mío, ven acá!

- Papá?

- Que ocurre hijo?

- Papá Noel se olvido de mí...

Hablando de eso, Alfredo abraza a su padre y los dos se ponen a llorar, cuando Alfredo habla:

- El también se olvidó de ti papá?

- No hijo mío. El mejor presente que yo podría haber ganado en la vida esta en mis brazos, y quédate tranquilo pues yo sé que Papá Noél no se olvido de ti.
- Pero todos lo otros niños vecinos están jugando con sus presentes... El se olvidó de nuestra casa.
- No se olvidó... El presente te está abrazando ahora y va a llevarte a uno de los mejores paseos de tu vida!

Y así fueron a un parque y Alfredo jugó con su padre durante el resto del día, volviendo recién en el comienzo de la noche. Llegando a casa muy somnoliento, Alfredo fue para su cuarto y "escribió" para Papá Noel:

"Querido Papá Noel, yo sé que es demasiado tarde para pedir alguna cosa, pero quiero agradecer el presente que me diste. Deseo que todas las Navidades que yo pase, hagas que mi padre olvide sus problemas y que él pueda distraerse conmigo, pasando una tarde maravillosa como la de hoy. Gracias por mi vida, pues descubrí que no es con juguetes que somos felices, y sí con el verdadero sentimiento que está dentro de nosotros, que el señor despierta en las Navidades. De quien te agradece por todo: Alfredo."

Y se fue a dormir.

Entrando al cuarto para dar las buenas noches a su hijo, el padre de Alfredo vio la cartita y a partir de ese día, no dejó que sus problemas afectasen la felicidad de ellos y comenzó a hacer que todos los días fuesen Navidad para ambos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

JOSÉ FELICIANO

Puertorriqueño de nacimiento, pero con un corazón internacional, José Feliciano, es símbolo de superación y determinación. De origen humilde, mientras crecía en una pequeña casita de un barrio montañoso en Lares, Puerto Rico, nunca pensó que un día se convertiría en uno de los artistas más trascendentales de la música latina.

Forma parte de una familia de 10 hermanos. Nació el 10 de septiembre de 1954, pero con un problema de ceguera a causa de una enfermedad llamada glaucoma congénito. Sin embargo, aún padeciendo de esta limitación, desde los 3 años comenzó a mostrar sus dotes y a despertar un gran amor a la música, gracias a su tío que fue su primer maestro. Su familia decidió mudarse de su querida tierra al popular barrio latino Spanish Harlem en Nueva York, en busca de un mejor futuro y es allí donde inicia su relación directa tanto con las melodías como con los instrumentos.

Este virtuoso de la música comenzó tocando el acordeón a temprana edad para luego desarrollarse rápidamente en la guitarra, la cual lo acompañaría el resto de su vida. Su primera presentación se llevó a cabo en un teatro en el Bronx a los 9 años, y a partir de ahí continuaría afinando su gusto por este instrumento y descubriendo sus talentos como cantautor y compositor.

Durante su adolescencia, el artista se vio forzado a abandonar la escuela y comenzar a contribuir financieramente en su hogar, cuando su padre perdió su trabajo. En aquel momento optó por cantar en cafés en la ciudad de Nueva York en donde como pago recibía donaciones de parte de su audiencia. Pero no pasaría mucho tiempo antes de que su gran talento fuese descubierto por una importante disquera, la cual lo contrataría y produciría su primer sencillo. De ahí surgieron presentaciones y proyectos claves que dieron paso a construir su carrera dentro de la música y a continuar creciendo a paso agigantado viajando por el mundo entero para compartir su destrezas.

En 1970 lanzó el álbum Feliz Navidad, el cual hasta este momento permanece siendo su grabación más conocida nacional e internacionalmente, y se transformaría con el pasar del tiempo en un himno de la época navideña para millones de hogares.

Considerado como uno de los artistas más polifacético y completos, Feliciano no es sólo capaz de entonar hermosas melodías, escribir inspiradoras letras y producir mágicas tonalidades, sino que también domina muchos instrumentos como el bajo, la batería, la percusión, el piano, etc … y por supuesto, la guitarra. Por este último se le ha catalogado como "El más grande guitarrista viviente".

Aún en contra de los obstáculos que se le han presentado a través de su camino, y sus propias y evidentes limitaciones físicas, José Feliciano nunca ha permitido que sus dificultades intervengan con su carrera, asumiendo una actitud positiva y luchadora ante la adversidad.

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