martes, 28 de agosto de 2012

¡CREO QUE PUEDO!

Rocky Lyons, tenía cinco años cuando viajaba en auto por los campos de Alabama con su madre, Kelly. Iba dormido en el asiento delantero de la camioneta con los pies apoyados en su falda.
La madre iba manejando con cuidado por el sinuoso camino de dos carriles, cuando se topó con un puente angosto. Al hacerlo, la camioneta chocó contra un poste, se deslizó fuera del camino y la rueda delantera derecha quedó atascada en un surco. Temiendo que la camioneta volcara, Kelly trató de volverla al camino apretando con fuerza el pedal del acelerador y girando el volante a la izquierda. Pero el pie de Rocky quedó atrapado entre su pierna y el volante y perdió el control de la camioneta.
Ésta se deslizó por una barranca de seis metros. Al llegar abajo, Rocky se desesperó. “¿Qué pasó, mamá? –preguntó-. Nuestras ruedas apuntan al cielo”.

Kelly estaba cegada por la sangre. La palanca de cambios se le había incrustado en la cara, partiéndosela desde el labio superior hasta la frente. Tenía las encías desgarradas, las mejillas destrozadas, los hombros aplastados. Con un hueso destrozado que le salía de la axila, quedó clavada contra la puerta abollada.
“Yo te sacaré, mamá”, anunció Rocky, que milagrosamente no había resultado herido. Se soltó de la presión de Kelly, se deslizó por la ventanilla abierta y trató de sacar a su madre. Pero ella no se movía. “Déjame dormir”, suplicaba Kelly, que por momentos perdía la conciencia. “No, mamá –insistía Rocky-, no puedes dormirte”.

Rocky volvió a entrar en la camioneta y se las arregló para rescatar a Kelly. Luego le dijo que subiría al camino y pararía un auto para conseguir ayuda. Temiendo que nadie viera a su hijito en la oscuridad, Kelly se negó a dejarlo ir solo. Treparon lentamente la banquina. Rocky usó su magro cuerpo de veinte kilos como pudo para empujar a su madre que pesaba más del doble. Avanzaban de a pulgadas. El dolor era tan grande que Kelly quería renunciar, pero Rocky no la dejaba. Repetía sin cesar su versión de la frase inspiradora del cuento que le gustaba: “Yo sé que puedes, yo sé que puedes”.

Cuando finalmente llegaron al camino, Rocky vio por primera vez la cara deshecha de su madre. Se echó a llorar. Agitando los brazos y rogando “¡Pare, por favor, pare!”, el niño le hizo señas a un camión. “Lleve a mamá a un hospital”, le rogó al camionero que se detuvo.

Fueron necesarias ocho horas y más de trescientas puntadas para reconstruir la cara de Kelly. Ahora luce muy distinta: “Tenía la nariz larga y recta, labios finos y pómulos altos; ahora tengo la nariz aplastada, los pómulos chatos y labios mucho más gruesos”, pero tiene pocas cicatrices visibles y se recuperó de las heridas.

El heroísmo de Rocky se convirtió en noticia. Pero el valiente jovencito insiste en que no hizo nada extraordinario. “No es que quisiera que sucediera –explica-. Simplemente hice lo que cualquiera hubiera hecho.” Su madre dice: “Si no fuera por Rocky, me habría desangrado”.

lunes, 27 de agosto de 2012

DOS LOBOS

Un viejo indio estaba hablando con su nieto.

Le decía:

"Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón, uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador.
El otro está lleno de amor y compasión".

El nieto preguntó:

"¿Abuelo; dime, Cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?"

El abuelo contestó:

"Aquel que yo alimente."

lunes, 20 de agosto de 2012

COMO UN FRASQUITO ...

Oliver Wendell Holmes asistió en una oportunidad a una reunión en la que era el hombre más petiso.

-Dr. Holmes –le dijo un conocido con sarcasmo- supongo que ha de sentirse bastante pequeño entre nosotros que somos tipos grandes.

-Sí –replicó Holmes. Me siento como un frasquito de extracto entre muchas botellas de agua de colonia.

miércoles, 8 de agosto de 2012

LA BAILARINA

Una joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia, y había llegado el momento en que se sentía lista para entregarse a la disciplina que la ayudaría a convertir su afición en profesión.

Deseaba llegar a ser primera bailarina y quería comprobar si poseía las dotes necesarias, de manera que cuando llego a su ciudad una gran compañía de ballet, fue a los camarines luego de una función, y hablo con el director.

- Quisiera llegar a ser una gran bailarina, le dijo, pero no se si tengo el talento que hace falta.

- Dame una demostración, le dijo el maestro.

Transcurrido apenas 5 minutos, la interrumpió, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.

- No, no tiene usted condiciones.

La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado, arrojó las zapatillas de baile en un armario y no volvió a calzarlas nunca más, se casó, tuvo hijos y cuando se hicieron un poco mayores, tomó un empleo de cajera en un supermercado.

Años después asistió a una función de ballet, y a la salida se topó con el viejo director que ya era octogenario, ella le recordó la charla que habían tenido años antes, le mostró fotografías de sus hijos y le comentó de su trabajo en el supermercado, luego agregó:

- Hay algo que nunca he terminado de entender. Cómo pudo Ud. saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina?

- Ahhh, apenas la miré cuando Ud. bailó delante de mi, le dije lo que siempre le digo a todas, le contestó.

- Pero eso es imperdonable! exclamó ella, -arruinó mi vida, pude haber llegado a ser primera bailarina!

- No lo creo, repuso el viejo maestro. - Si hubieras tenido las dotes necesarias, no habrías prestado ninguna atención a lo que yo dije.