jueves, 25 de abril de 2013

LA CARA PERFECTA

Había una vez un muñeco de papel que no tenía cara. Estaba perfectamente recortado y pintado por todo el cuerpo, excepto por la cara. Pero tenía un lápiz en su mano, así que podía elegir qué tipo de cara iba a tener ¡Menuda suerte! Por eso pasaba el día preguntando a quien se encontraba:

-¿Cómo es una cara perfecta?

- Una que tenga un gran pico - respondieron los pájaros.

- No. No, que no tenga pico -dijeron los árboles-. La cara perfecta está llena de hojas.

- Olvida el pico y las hojas -interrumpieron las flores- Si quieres una cara perfecta, tú llénala de colores.

Y así, todos los que encontró, fueran animales, ríos o montañas, le animaron a llenar su cara con sus propias formas y colores. Pero cuando el muñeco se dibujó pico, hojas, colores, pelo, arena y mil cosas más, resultó que a ninguno le gustó aquella cara ¡Y ya no podía borrarla!
Y pensando en la oportunidad que había perdido de tener una cara perfecta, el muñeco pasaba los días llorando.

- Yo solo quería una cara que le gustara a todo el mundo- decía-. Y mira qué desastre.

Un día, una nubecilla escuchó sus quejas y se acercó a hablar con él:

- ¡Hola, muñeco! Creo que puedo ayudarte. Como soy una nube y no tengo forma, puedo poner la cara que quieras ¿Qué te parece si voy cambiando de cara hasta encontrar una que te guste? Seguro que podemos arreglarte un poco.
Al muñeco le encantó la idea, y la nube hizo para él todo tipo de caras. Pero ninguna era lo suficientemente perfecta.

- No importa- dijo el muñeco al despedirse- has sido una amiga estupenda.

Y le dio un abrazo tan grande, que la nube sonrió de extremo a extremo, feliz por haber ayudado. Entonces, en ese mismo momento, el muñeco dijo:

- ¡Esa! ¡Esa es la cara que quiero! ¡Es una cara perfecta!

- ¿Cuál dices? - preguntó la nube extrañada - Pero si ahora no he hecho nada...

- Que sí, que sí. Es esa que pones cuando te doy una abrazo... ¡O te hago cosquillas! ¡Mira!

La nube se dio por fin cuenta de que se refería a su gran sonrisa. Y juntos tomaron el lápiz para dibujar al muñeco de papel una sonrisa enorme que pasara diez veces por encima de picos, pelos, colores y hojas.

Y, efectivamente, aquella cara era la única que gustaba a todo el mundo, porque tenía el ingrediente secreto de las caras perfectas: Una gran sonrisa que no se borraba jamás.

Pedro Pablo Sacristan

jueves, 18 de abril de 2013

LA MARIPOSA Y LA ESTRELLA

Cuenta la leyenda que una joven mariposa, de cuerpo frágil y sensible volaba cierta tarde jugando con el viento, cuando vio una estrella muy brillante, y se enamoró.

Excitadísima, regresó inmediatamente a su casa, loca por contar a su madre... que había descubierto lo que era el amor. -¡Que tontería! - fue la fría respuesta que escuchó. -Las estrellas no fueron hechas para que las mariposas pudieran volar a su alrededor. Búscate un poste, o una pantalla, y enamórate de algo así. Para eso fuimos creadas.
Decepcionada, la mariposa decidió simplemente ignorar el comentario de la madre, y se permitió volver a alegrarse con su descubrimiento. "Que maravilla poder soñar", pensaba. La noche siguiente la estrella continuaba en el mismo lugar, y ella decidió que subiría hasta el cielo y volaría en torno a aquella luz radiante para demostrarle su amor.

Fue muy difícil sobrepasar la altura a la cual estaba acostumbrada, pero consiguió subir algunos metros por encima de su nivel de vuelo normal. Pensó que si cada día progresaba un poquito, terminaría llegando hasta la estrella. Así que se armó de paciencia y comenzó a intentar vencer la distancia que la separaba de su amor. Esperaba con ansiedad la llegada de la noche, y cuando veía los primeros rayos de la estrella, agitaba ansiosamente sus alas en dirección al firmamento.

Su madre estaba cada vez más furiosa: -Estoy decepcionada con mi hija -decía. Todas sus hermanas, primas y sobrinas ya tienen lindas quemaduras en sus alas, provocadas por las lámparas. Sólo el calor de una lámpara es capaz de entusiasmar el corazón de una mariposa: Deberías dejar de lado estos sueños inútiles y conseguir un amor posible de alcanzar. La joven mariposa, irritada porque nadie respetaba lo que sentía, decidió irse de la casa. Pero en el fondo -como, por otra parte, siempre sucede -quedó marcada por las palabras de su madre, y consideró que ella tenía razón.

Así, durante algún tiempo, intento olvidar a la estrella y enamorarse de la luz de las pantallas de casas suntuosas, de las luces que mostraban los colores de cuadros magníficos, del fuego de las velas que quemaban en las más bellas catedrales del mundo. Pero su corazón no conseguía olvidar a la estrella, y después de ver que la vida sin su verdadero amor no tenía sentido, resolvió reemprender su itinerario en dirección al cielo.

Noche tras noche intentaba volar lo más alto posible, pero cuando la mañana llegaba, estaba con el cuerpo helado y el alma sumergida en la tristeza. Entretanto, a medida que se iba haciendo mayor, pasó a prestar atención a todo cuanto veía a su alrededor. Desde allá arriba podía vislumbrar las ciudades llenas de luces, donde probablemente sus primas, hermanas y sobrinas, ya habrían encontrado un amor. Veía las montañas heladas, los océanos con olas gigantescas, las nubes que cambiaban de forma a cada minuto. La mariposa comenzó a amar cada vez más a su estrella, porque era ella la que la impulsaba a conocer un mundo tan rico y hermoso.

Pasó mucho tiempo y un buen día ella decidió volver a su casa. Fue entonces que supo por los vecinos que su madre, sus hermanas, primas y sobrinas, y todas las mariposas que había conocido, ya habían muerto quemadas en las lámparas y en las llamas de las velas, destruídas por un amor que juzgaban fácil.

La mariposa, aún cuando jamás haya conseguido llegar hasta su estrella, vivió muchos años aún, descubriendo cada noche cosas diferentes e interesantes. Y comprendiendo, que, a veces, los amores imposibles traen más alegrías y beneficios que aquellos que están al alcance de nuestras manos.

miércoles, 17 de abril de 2013

EL SECRETO DE LA FELICIDAD

Cierto mercader envió a su hijo a aprender el Secreto de la Felicidad con el más sabio de todos los hombres. El muchacho anduvo durante cuarenta dí­as por el desierto hasta llegar a un bello castillo en lo alto de una montaña. Allá viví­a el sabio que el muchacho buscaba.
No obstante, en lugar de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala en donde vio una enorme actividad: mercaderes que entraban y salí­an, personas conversando por los rincones, una pequeña orquesta tocando suaves melodías y una mesa muy bien servida con los más deliciosos platos de aquella región del mundo.

El Sabio conversaba con todos y el muchacho tuvo que esperar durante dos horas hasta que pudo ser atendido.

Con mucha paciencia, el Sabio escuchó atentamente el motivo de la visita del chico, pero le dijo que en ese momento no tení­a tiempo para explicarle el Secreto de la Felicidad.

Le sugirió que diese un paseo por su palacio y regresase al cabo de dos horas.

-De todas maneras, voy a pedirte un favor -añadió, entregándole al muchacho una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite. -Mientras estés caminando, lleva contigo esta cuchara sin derramar el aceite.

El joven empezó a subir y a bajar las escalinatas del palacio sin apartar la mirada de las gotitas de aceite. Dos horas más tarde, regresó ante la presencia del Sabio.

-Entonces- preguntó el sabio -¿Ya has visto los tapices de Persa que están en mi comedor? ¿Viste el jardín que el maestro de los jardineros le tardó diez años en concluir? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?

El muchacho, avergonzado, confesó que no había visto nada de eso. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.

-En ese caso vuelve y conoce las maravillas de mi mundo -dijo el Sabio. -No puedes confiar en alguien hasta que no conoces su casa.

Ya más tranquilo, el joven muchacho tomó una vez más la cucharilla y volvió a pasear por el palacio, pero esta vez fijándose en todas las obras de arte que colgaban del techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas de alrededor, la delicadeza de las flores, el refinamiento con que cada obra de arte había sido colocada en su lugar. Por fin, una vez más ante la presencia del Sabio, le contó al detalle todo lo que había visto.

-Pero, ¿Dónde están las dos gotas de aceite que te confié?- preguntó el Sabio.

Mirando a la cuchara, el joven se dio cuenta de que las había derramado.

-Pues este es el único consejo que puedo darte - dijo el más sabio de los sabios. -El Secreto de la Felicidad está en saber mirar todas las maravillas del mundo sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite de la cucharilla.

jueves, 11 de abril de 2013

EL AMOR LO CURA TODO

Una niña de Brasilia que recibió una brutal paliza por parte de sus padres. Como resultado, perdió el movimiento de todo el cuerpo y ni siquiera conseguía hablar. Internada en el Hospital de Base, la cuidaba una enfermera que a diario le decía: “Te quiero mucho”. Aunque los médicos le aseguraban que la niña no podría escucharla y que sus esfuerzos eran inútiles, la enfermera le seguía repitiendo: “Yo te quiero mucho, ¿sabes? No te olvides”.

Tres semanas después, la niña había recuperado el movimiento. Cuatro semanas más tarde, volvía a hablar y a sonreír. La enfermera nunca dio entrevistas, y el periódico no publicó su nombre, pero queda registrado aquí para que no lo olvidemos nunca: El amor cura.

El amor transforma, el amor cura. Pero, a veces, el amor tiende trampas mortales y termina destruyendo a la persona que decidió entregarse por completo. ¿Qué sentimiento tan complejo es éste que –en el fondo– es la única razón para que sigamos vivos, luchando e intentando mejorar?

Paulo Coelho

miércoles, 10 de abril de 2013

EL VALOR DE UN SALUDO

Cuenta una historia que un hombre trabajaba en una planta empacadora de carne en Noruega.

Un día, terminando su horario de trabajo, fue a uno de los refrigeradores para inspeccionar algo; se cerró la puerta con el seguro y se quedó atrapado dentro del refrigerador.

Golpeó fuertemente la puerta y empezó a gritar una y otra vez, pero nadie lo escuchaba. La mayoría de los trabajadores se había ido a sus casas, y era casi imposible escucharlo por el grosor que tenía esa puerta.

Llevaba cuatro horas en el refrigerador y se sentía ya al borde de la muerte, sin esperanzas de salvación.

De repente y para su inmensa alegría, se abrió la puerta. El guardia de seguridad entró y lo rescató.

Después de esto, le preguntaron al guardia: "¿A qué se debe que se le ocurrió abrir ésa puerta, sino era parte de su rutina de trabajo?".

Él explicó:

"Llevo trabajando en ésta empresa casi 25 años; cientos de trabajadores entran a la planta cada día, pero él es el único que me saluda en la mañana y se despide de mi en las tardes. El resto de los trabajadores me tratan como si yo fuera invisible.

Hoy ,como cada día, me dijo "Hola" a la entrada, pero nunca escuché "Hasta mañana" . Yo espero por ese "Hola", "Buenos días", y ése "Adios" o "Hasta mañana"; cada jornada. Sabiendo que todavía no se había despedido de mi, pensé que debía estar en algún lugar del edificio y que algo debió pasarle, por lo que lo busqué y gracias a Dios lo encontré ".

martes, 2 de abril de 2013

OWEN HOWKINS y HAATCHI, amigos inseparables

Un niño enfermo supera sus miedos gracias a un perro de tres patas que se convierte en su mejor amigo.



Los dos tuvieron un difícil comienzo en la vida, pero ahora les sonríe. Conocerse, compartirla, ha sido un regalo maravilloso que no dejan de disfrutar el pequeño Owen y el peludo de Haatchi, un niño enfermo y un perro de tres patas que se han convertido en amigos inseparables, casi en hermanos gemelos.

Antes de encontrarse, sus vidas fueron un infierno. Si Owen Howkins, un niño británico de siete años con síndrome de Schwartz Jampel, una condición que tensa sus músculos, vivía aislado, sin salir a la calle por miedo a relacionarse con los demás, el perro también pasó lo suyo: además de un abandono, sufrió un atropello ferroviario tras ser cruelmente atado junto a unas vías, lo que obligó a amputarle la cola y una pata. Ahora, sin embargo, todo es muy distinto, se han adoptado el uno al otro y no soportan estar separados.

Sólo Haatchi, un pastor de Anatolia de mirada bonachona, vital y cariñoso como él sólo, logró llegar donde la comunicación humana no pudo e infundió al niño unas tremendas ganas de vivir que se reflejan en su nueva vida, que ha dado la vuelta como un calcetín.

Aquel niño marginado, que sonreía muy pocas veces, al que le costaba hablar y estar activo, es ahora dicharachero y feliz. Sale a pasear con su perro, que también parece haber olvidado el maltrato al que fue sometido, sus terribles heridas cuando aquel tren le pasó por encima hace unos diez meses.

El futuro se adivinaba triste para ambos, pero todo empezó a marchar cuando el papi de Owen, Will, y su novia, Colleen Drummond, supieron de la difícil situación del animal y decidieron adoptarlo. Ni siquiera podían sospechar que aquel gesto de solidaridad con el adorable perrito les sería devuelto con creces, y de un modo tan especial.

“Desde que se conocieron, el efecto que Haatchi ha tenido en Owen ha sido increíble. Antes, a Owen no le gustaba salir, era prácticamente agorafóbico, y en la escuela se volvió aún más retraido al verse distinto a los demás.

Tras compartir su vida con el perro se ha vuelto más sociable, sale a la calle con su perro y quiere ir siempre a exposiciones caninas para enseñarle a todo el mundo lo maravilloso que es su amigo. Los cambios que vemos en él día a día no pueden expresarse con palabras”, dice Colleen emocionada.

Sin duda, ésta es una tierna historia con un final insospechadamente feliz que atesora mensajes realmente valiosos, como la importancia de la amistad, del respeto animal, de la comunicación sin barreras, de la influencia positiva de los animales en nuestras vidas y, sobre todo, de la imparable, poderosísima fuerza del corazón.