martes, 28 de mayo de 2013

¿POR QUÉ LOS PERROS VIVEN MENOS QUE LAS PERSONAS?


¿TE HAS PREGUNTADO POR QUÉ LOS PERROS VIVEN MENOS QUE LAS PERSONAS?

Aquí la respuesta (por un niño de 6 años)

Siendo veterinario, fui llamado para examinar a un sabueso irlandés de 10 años de edad llamado Belker. Los dueños del perro: Ron, su esposa Lisa y su pequeño Shane, estaban muy apegados a Belker, y estaban esperando un milagro.
Examiné a Belker y descubrí que estaba muriendo de cáncer. Le dije a la familia que no podríamos hacer ya nada por Belker y me ofrecí para llevar cabo el procedimiento de eutanasia en su casa. Hicimos los arreglos necesarios, Ron y Lisa dijeron que sería buena idea que el niño de 6 años, Shane observara el suceso. Ellos sintieron que Shane podría aprender algo de la experiencia.

Al día siguiente, sentí la familiar sensación en mi garganta cuando Belker fue rodeado por la familia. Shane se veía tranquilo, acariciaba al perro por última vez y yo me preguntaba si comprendía lo que estaba pasando. En unos cuantos minutos Belker se quedó dormido prácticamente para ya no despertar. El pequeño niño parecía aceptar la transición de Belker sin ninguna dificultad o confusión.

Nos sentamos todos por un momento preguntándonos el por qué del lamentable hecho de que la vida de las mascotas sea más corta que la de los humanos.
Shane, que había estado escuchando atentamente, dijo: ''Yo sé por qué.'' Sorprendidos, todos volteamos a mirarlo. Lo que dijo a continuación me maravilló, nunca he escuchado una explicación mas reconfortante que esta.

Este momento cambió mi forma de ver la vida.

Él dijo: ''La gente viene al mundo para poder aprender cómo vivir una buena vida, cómo amar a los demás todo el tiempo y ser buenas personas, ¿verdad?''.

El niño de 6 años continuó: ''Bueno, como los perros ya saben como hacer todo eso, pues no tienen que quedarse por tanto tiempo como nosotros''.

lunes, 27 de mayo de 2013

DESCANSA EN PAZ: "El funeral del No puedo"

La clase de cuarto grado de Donna se parecía a muchas que he visto en el pasado. Ese día me senté en un asiento al fondo de la clase.
Todos los alumnos estaban trabajando en una tarea que consistía en llenar una hoja de cuaderno con pensamientos e ideas.

La alumna de diez años que estaba cerca de mí, estaba llenando su página con 'No puedo':
-No puedo patear la pelota más allá de la segunda línea.
-No puedo hacer una división más larga de tres números.
-No puedo comer solamente una galletita...
Había llenado media página y no tenía signos de parar. Caminé por el salón mirando las hojas de los otros niños y todos describían las cosas que no podían hacer.
Esa actividad atrajo mi curiosidad y decidí hablar con la maestra. Al acercarme, noté que ella también estaba ocupada escribiendo. Derrotado en mis esfuerzos por determinar por qué los alumnos y maestra se demoraban en lo negativo en lugar de escribir las afirmaciones 'Puedo', más positivas volví a mi asiento y continué mis observaciones.

Al terminar la actividad los alumnos recibieron la indicación de doblar sus hojas por la mitad y llevarlas al frente, donde las colocaron en una caja de zapatos vacía. Una vez recogidas las hojas de todos los alumnos, Donna agregó la suya. Tapó la caja, salió hacia el hall y todos los alumnos siguieron a su maestra.
Ella buscó una pala y fueron hasta la parte más alejada del parque. Excavaron durante más de diez minutos. Acomodaron en el fondo la caja de los 'No puedo' y la cubrieron rápidamente con tierra.

Donna anunció: "Chicos, por favor, junten sus manos y bajen la cabeza". Los treinta alumnos obedecieron y formaron un círculo alrededor, y dijo su oración: "Amigos, estamos aquí reunidos para honrar la memoria del 'No puedo'. Mientras estuvo con nosotros en la tierra, afectó en la vida de todos, de algunos más que de otros. Desgraciadamente su nombre ha sido pronunciado en todos los edificios públicos, escuelas, municipalidades, congresos, y sí, hasta en la Casa Blanca.

"Acabamos de darle una morada definitiva a "No puedo" y una lápida contiene su epitafio. Le sobrevienen sus hermanos 'Puedo', 'Quiero' y 'Lo haré yo mismo'. No son tan conocidos como su famoso pariente e indudablemente todavía no resultan fuertes y poderosos.

Tal vez algún día, con su ayuda, tengan una incidencia mayor en el mundo. Roguemos porque 'No puedo' descanse en paz y que en su ausencia, todos los presentes puedan hacerse cargo de sus vidas y avanzar". Amén.

Al oír la oración, me di cuenta de que esos alumnos nunca olvidarían ese día. La actividad era simbólica, una metáfora de la vida. Era una experiencia del lado derecho del cerebro que quedaría adherida a la mente inconsciente y consciente para siempre.

Escribir los "No puedo", enterrarlos y escuchar la oración. Era un esfuerzo muy grande por parte de esta maestra. Y todavía no había terminado. Al término de la ceremonia, lleva a los alumnos nuevamente a la clase e hicieron un festejo.

Celebraron la muerte de "No puedo" con golosinas y jugo de frutas. Como parte de la celebración, Donna cortó una gran lámina en papel y escribió las palabras "No puedo" arriba y en el medio RIP. Abajo agregó la fecha.

La lápida de papel quedó en el aula de Donna durante el resto del año. En las escasas ocasiones en que un alumno se olvidaba y decía: "No puedo", Donna simplemente señalaba el cartel. El alumno recordaba entonces que "No puedo" estaba muerto y optaba por reformular su afirmación.
Yo no era alumno de Donna. Ella sí era alumna mía.
Sin embargo, ese día aprendí de ella una lección perdurable.
Ahora, años más tarde, cada vez que oigo "No puedo", veo las imágenes de ese funeral de cuarto grado.

Como los alumnos, me acuerdo de que "No puedo" ya murió.

martes, 21 de mayo de 2013

LA RESPUESTA A LOS DESEOS

Había un niño que miraba las estrellas y pensaba.
¿Cuándo llegaré tan alto como ellas?

Un día, para su sorpresa, una le contestó:
"Vives en el lugar donde los sueños se hacen realidad, en donde sólo tienes que tomar una decisión y ser listo para llegar alto. Si abres bien tus ojos, podrás verlo. Ya vives en las alturas… "

Entonces el niño pensó ¿Cuándo brillaré como el sol?... Pero era de noche y el sol no escuchó su pensamiento, sin embargo su pregunta sí tenía respuesta…

lunes, 13 de mayo de 2013

LA LLAVE DEL CORAZÓN



Había una vez un niño que siempre estaba cuidando de su corazón que tenía protegido bajo llave. No dejaba la llave a nadie. Sólo la dejó una vez a sus padres, y porque fue una urgencia que no voy a contar.

Con el tiempo, el chico conoció a una chica que era guapísima y muy simpática. El primer día, nada más al conocerse, él le contó su historia del corazón.
Le dijo: -¿Sabes?, yo tengo un corazón cerrado con una llave que la guardo muy bien y nunca la dejo a nadie.
La niña le preguntó: -¿Y qué pasa cuando se abre? ¿Explota?.

El niño se rió imaginándose la escena, luego se puso serio y le explicó a la chica: -Nunca lo he abierto. Una vez dejé a mis padres la llave pero no hizo falta abrirlo.

La niña le pidió la llave y el chico, sin saber bien por qué, se la dio.
Sí ... esa misma llave que tantos años había estado guardando.

La niña introdujo la llave en el corazón del chico, giró 360º hacia la derecha y se abrió...
No sucedió nada, por tanto, la chica preguntó: -¿Qué ha pasado?

El niño respondió temblando: -ME ACABO DE ENAMORAR.