lunes, 27 de mayo de 2013

DESCANSA EN PAZ: "El funeral del No puedo"

La clase de cuarto grado de Donna se parecía a muchas que he visto en el pasado. Ese día me senté en un asiento al fondo de la clase.
Todos los alumnos estaban trabajando en una tarea que consistía en llenar una hoja de cuaderno con pensamientos e ideas.

La alumna de diez años que estaba cerca de mí, estaba llenando su página con 'No puedo':
-No puedo patear la pelota más allá de la segunda línea.
-No puedo hacer una división más larga de tres números.
-No puedo comer solamente una galletita...
Había llenado media página y no tenía signos de parar. Caminé por el salón mirando las hojas de los otros niños y todos describían las cosas que no podían hacer.
Esa actividad atrajo mi curiosidad y decidí hablar con la maestra. Al acercarme, noté que ella también estaba ocupada escribiendo. Derrotado en mis esfuerzos por determinar por qué los alumnos y maestra se demoraban en lo negativo en lugar de escribir las afirmaciones 'Puedo', más positivas volví a mi asiento y continué mis observaciones.

Al terminar la actividad los alumnos recibieron la indicación de doblar sus hojas por la mitad y llevarlas al frente, donde las colocaron en una caja de zapatos vacía. Una vez recogidas las hojas de todos los alumnos, Donna agregó la suya. Tapó la caja, salió hacia el hall y todos los alumnos siguieron a su maestra.
Ella buscó una pala y fueron hasta la parte más alejada del parque. Excavaron durante más de diez minutos. Acomodaron en el fondo la caja de los 'No puedo' y la cubrieron rápidamente con tierra.

Donna anunció: "Chicos, por favor, junten sus manos y bajen la cabeza". Los treinta alumnos obedecieron y formaron un círculo alrededor, y dijo su oración: "Amigos, estamos aquí reunidos para honrar la memoria del 'No puedo'. Mientras estuvo con nosotros en la tierra, afectó en la vida de todos, de algunos más que de otros. Desgraciadamente su nombre ha sido pronunciado en todos los edificios públicos, escuelas, municipalidades, congresos, y sí, hasta en la Casa Blanca.

"Acabamos de darle una morada definitiva a "No puedo" y una lápida contiene su epitafio. Le sobrevienen sus hermanos 'Puedo', 'Quiero' y 'Lo haré yo mismo'. No son tan conocidos como su famoso pariente e indudablemente todavía no resultan fuertes y poderosos.

Tal vez algún día, con su ayuda, tengan una incidencia mayor en el mundo. Roguemos porque 'No puedo' descanse en paz y que en su ausencia, todos los presentes puedan hacerse cargo de sus vidas y avanzar". Amén.

Al oír la oración, me di cuenta de que esos alumnos nunca olvidarían ese día. La actividad era simbólica, una metáfora de la vida. Era una experiencia del lado derecho del cerebro que quedaría adherida a la mente inconsciente y consciente para siempre.

Escribir los "No puedo", enterrarlos y escuchar la oración. Era un esfuerzo muy grande por parte de esta maestra. Y todavía no había terminado. Al término de la ceremonia, lleva a los alumnos nuevamente a la clase e hicieron un festejo.

Celebraron la muerte de "No puedo" con golosinas y jugo de frutas. Como parte de la celebración, Donna cortó una gran lámina en papel y escribió las palabras "No puedo" arriba y en el medio RIP. Abajo agregó la fecha.

La lápida de papel quedó en el aula de Donna durante el resto del año. En las escasas ocasiones en que un alumno se olvidaba y decía: "No puedo", Donna simplemente señalaba el cartel. El alumno recordaba entonces que "No puedo" estaba muerto y optaba por reformular su afirmación.
Yo no era alumno de Donna. Ella sí era alumna mía.
Sin embargo, ese día aprendí de ella una lección perdurable.
Ahora, años más tarde, cada vez que oigo "No puedo", veo las imágenes de ese funeral de cuarto grado.

Como los alumnos, me acuerdo de que "No puedo" ya murió.

3 comentarios:

  1. Excelente, yo también voy a enterrar mi NO PUEDO.

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  2. Excelente historia, tenía que haber sabido hace tiempo que el "no puedo" había muerto........así que cómo más vale tarde que nunca ahora que lo sé lo apartaré de mi vida.Besotes

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  3. me encantó ... que bueno que sea así para que ya no nos fastidie más

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