miércoles, 21 de diciembre de 2016

LA ROSA DE NAVIDAD

Era una noche invernal de mucho, mucho frío. El viento helado silbaba con fuerza. La tierra estaba congelada y cubierta con una gruesa capa de hielo y nieve. Con un tiempo como este, lo mejor era quedarse en casa junto a la chimenea...

Samuel, el joven pastor, había oído a gente hablar sobre el nacimiento de un niño en un establo bastante cerca de su casa. Como ese era un día tan frío, él pensaba: ¡pobre bebé, en un establo ... con este frío, se va a congelar!. Él había nacido en verano, cuando las rosas estaban floreciendo. Muchísimas personas llegaron con regalos el día que nació. ¡Todos querían conocerle! El sol lucía con fuerza y el buen tiempo animaba a los vecinos a acudir a su casa.

Pero ahora... todo era tan gris y frío. Así que se preguntó si el niño en el establo tendría alguien que lo visitara. Al parecer, los padres del recién nacido no eran de esta zona y no conocían a nadie.

Decididamente, Samuel deseaba ir a visitar el nuevo bebé en el establo.
“Sólo quiero verlo para asegurarse de que esté bien”, pensó. Así que decidió partir.

Samuel se abrigó bien: se envolvió en su abrigo de piel caliente con fuerza para protegerse del viento y del frío. A pesar de la ilusión por ver al pequeño, estaba un poco triste, porque era tan pobre que no tenía ningún regalo para el pequeño...

Iba caminando con la cabeza ladeada, pensativo, cuando de repente divisó algo brillante bajo un árbol, algo que parecía una flor.

- “¿En pleno invierno? – pensó-, eso no puede ser verdad”. Corrió hacia ella para verla mejor. Y, en verdad, creciendo en un tallo robusto había una flor blanca con cinco pétalos.

¡Parecía como una estrella de cinco puntas! Este sería su regalo. Tomó la pequeña flor y se apresuró.

Finalmente llegó al establo y se colocó delante del bebé, que estaba acostado en un pesebre. Samuel llevaba la flor en su mano. El pastorcillo estaba muy cerca del recién nacido, y justo cuando se inclinó hacia él, para entregarle su flor, un potente rayo de luz iluminó el pesebre.

La luz, de color dorada, procedía de la pequeña flor que Samuel sostenía en sus manos. Desde aquel día, aquella flor, que florece cada Navidad, se llama rosa de Navidad.

jueves, 1 de diciembre de 2016

LA ESTRELLA DE CLARA

La noche en que nació el niño Jesús en un pesebre de Belén, todos los pastores de la zona acudieron a hacerle regalos. Unos le llevaban ovejitas, para que su lana pudiera abrigarle. Otros, leña, para mantener vivo el fuego que alumbraba y calentaba el pesebre. Y otros pastores llevaban grandes ramos de flores par adornar el portal.

 Pero había una pastorcita, Clara, que era muy pobre y no tenía nada que llevar. Ni oveja, ni leña ni flores. Le daba tanta vergüenza presentarse sin nada ante el niño Jesús, que decidió no ir.

Se apoyó en el pozo de su casa y comenzó a llorar. Entonces, vio una estrella muy brillante en el fondo del pozo. Era el reflejo de una estrella que alumbraba con fuerza el cielo. Clara no lo pensó dos veces: tiró el cubo al pozo y recogió el reflejo de la estrella. Su cubo, lleno de agua, mostraba la estrella brillar, y ella pensó que sería un fantástico regalo para el niño Jesús.

Así que Clara fue hacia el portal de Belén muy contenta, con su estrella reflejada en el cubo de madera. De vez en cuando la miraba, a ver si seguía ahí. Caminaba deprisa, para no perder su estrella.

Al llegar al pesebre, le mostró el cubo al niño Jesús, pero la estrella... ya no estaba. El tejado del pesebre tapaba el cielo, y la estrella ya no se reflejaba. Sin embargo, el niño Dios sonrió.

Clara se puso a llorar muy apenada, y de pronto, una de sus lágrimas comenzó a brillar con mucha fuerza. Se desprendió de su rostro y, transformada en estrella, se elevó hasta lo más alto del cielo.

Era la estrella más brillante de todas. la más hermosa. Gracias a esta estrella, el resto de habitantes supieron encontrar el lugar donde el niño Jesús acababa de nacer. Desde entonces, en todos los belenes y en los árboles de Navidad, se coloca una estrella, que hace recordar la historia de Clara, la pastorcita que sin tener nada, le regaló al niño Jesús lo más hermoso: Su AMOR.